Pesca de truchas con mosca
Los lagos y ríos del sur argentino sorprenden por la variedad
de peces que los habitan. La pesca de truchas es
la actividad por excelencia y todos los años pescadores deportivos
de todo el mundo visitan la Patagonia para medirse
con estos salmónidos de raza pura, aunque no autóctonos
de estas tierras. Sobre todo, se practica la pesca de trucha
con mosca gracias a la transparencia de las aguas y la
lucha que ofrece el animal una vez que es engañado por el
señuelo. Introducida a principios del siglo XIX por el perito
Pascasio Moreno, la trucha patagónica es famosa no sólo
por su abundancia sino también por su tamaño y atractivo.
Hay varias especies de trucha:
La trucha arcoiris, que debe su nombre a la gama
de colores responsables de su atractivo y consecuente fama que van
de blanco al púrpura, pasando por el rojo y verde, salpicado
con manchas oscuras.
La trucha plateada o seatrout también se
conoce como trucha nativa porque posee la capacidad de adaptarse
tanto al agua dulce como a la salada. Se obtiene ejemplares de hasta
10 kilogramos y posee un color plateado característico de
las especies marinas.
La trucha marrón es la más salvaje
y común de todas las especies de trucha que habitan el sur
argentino así como también la de más peso,
con piezas obtenidas de hasta 14 kilos. Su color es marrón
y dorado, su región abdominal es blanca y posee manchas rodeadas
por un círculo gris pálido.
La trucha de arroyo o trucha salmonada (por su carne color rosa)
es de un color marrón verdoso con manchas claras y rojas
en su lomo y en la parte superior de la cabeza.
Otras: Salmón encerrado Perca, pejerrey
patagónico, pejerrey bonaerense y carpa. Las restantes especies
autóctonas (bagres, puyenes, peladillas y el salmón
encerrado) deberán ser devueltas al agua vivas y con el menor
daño posible.
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